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1/7/16

The Witch: La reivindicación del aquelarre.


The Witch (2016) opera prima de Robert Eggers resulta una bocanada de aire fresco en una marea de películas de terror que basan su gracia en una sobredosis de jump scares, rescatando el folclor en los relatos norteamericanos para una bella pieza de American Goth que nos recuerda, como no hace mucho lo hiciera The Ravenant (2015), lo desolador y crudo del salvajismo natural en la Norteamérica entonces por conquistar para nuestra mirada posmoderna, sin la pretensión de recuperar un discurso moderno de “hombre contra la naturaleza” logra trasmitir un sentimiento de estar en un lugar prohibido con silenciosas y ominosas amenazas.

La película, situada en 1630 en Nueva Inglaterra muestra una familia puritana  que es desterrada de su comunidad aparentemente por ser excesivamente fervorosa, al retirarse a las orillas de un bosque sucesos extraños empezaran a azotar a la familia, empezando por la desaparición del hijo menor, lo cuál afectará las relaciones entre los miembros de la misma.
Si bien pudiera pasar por una pieza con una bella fotografía pero con un guion lento para el espectador acostumbrado a tramas como “Anabelle” o “Actividad Paranormal”, con amenazas nunca en escena, es su manejo de las relaciones entre los personajes lo interesante,  es la convulsa dinámica familiar lo que destacar. Particularmente es de llamar la atención en donde recae la figura femenina durante el relato. 
Partiendo del contexto; es una familia que vive en medio de una sociedad sumamente represiva y aún dentro de esta es considerada extremista, hablamos pues de una fuerte construcción de los roles determinados para cada uno de los miembros de la familia. Al retirarse se asientan a las orillas del bosque, en el límite de lo conocido y lo desconocido. 

De los 5 hijos que poseen, los dos mayores, hija e hijo atraviesan la pubertad, el joven hermano, Caleb, empezará a notar las formas de la hermana, me es imposible no remontarme a “El castillo de la pureza” (1972), donde el aislamiento por motivos religiosos orilla a los hijos mayores a explorar su sexualidad en actos incestuosos al no tener otra vía de escape a las demandas del cuerpo y del deseo, en este caso Caleb no pasará, aparentemente, de curiosidad y temor ante su propio deseo al saberlo prohibido, pero es esta misma frustración la que lo llevara a cuestionar más adelante las decisiones del padre que imponiendo su ley frustra su deseo incestuoso con su presencia, sin descuidar el factor ambivalente de la relación con él, pues aprendiendo sus oraciones y deberes Caleb espera congraciarse con este.
Se desatan hechos sobrenaturales con la desaparición del pequeño bebé de la familia, que es perdido por la hija mayor, Thomasin, que será sutilmente culpada por la madre, Katherine, que al perder ese hijo como sostén fálico de la falta imaginaria cae en un torrente de lágrimas que la imposibilita en sus labores cotidianas, al notar el desarrollo físico de Thomasin será percibida por su madre como una rival en cuanto ser poseedora del rol femenino de la familia, clamara por que sea devuelta a la comunidad al no considerar apropiado, de acuerdo a la usanza de la época, que la hija adolescente viva en el mismo techo de sus hermanos, Thomasin y entonces oculta las faltas de su padre lo cual establece cierta complicidad con él en detrimento de figura materna, puede mentirle a su madre y asumir las culpas del padre en un acto desafiante a la madre.
 Tomasin se declarara como la bruja del bosque ante sus hermanos menores en un intento de asustarlos, algo que jugara contra ella más adelante, pero que resulta interesante como intento simbólico de posicionamiento ante los otros, Thomasin busca ser reconocida como sujeto de deseo, desligarse de la simbiosis familiar con arraigados valores que privilegian al colectivo para ser un individuo.
Los pequeños mellizos que pasearan por la película jugando y diciendo que hablan con la gran cabra de la familia serán un elemento ominoso así como la misma cabra, Black Phillip.
Caleb, en un intento por evitar la hambruna de la familia y por consecuencia que su hermana sea retirada de él emprenderá un viaje al bosque para cazar, donde será acompañado por Thomasin, se abren emocionalmente en la profundidad del bosque y el elemento ominoso se hace presente en una liebre, quizá para interrumpir lo verdaderamente terrorífico que sería la consumación del deseo incestuoso entre los hermanos, reforzado esto en que Caleb se pierde en el bosque así como Dante que se enfrenta en su propio bosque a tres bestias, incluida la de la lujuria, así Caleb cede a su deseo al toparse con la bruja del bosque en forma de femme fatale, muy alejada de una Baba Yaga común que nos pintan al principio de la película. Thomasin regresa y la desaparición de su hermano acrecienta la desconfianza de la madre hacia esta, Caleb regresa desnudo y enfermo, solo siente culpa quien ha cedido a su deseo dirá Lacan. Finalmente Caleb muere en medio del delirio. 
Ante la acusación de la madre sobre la hija el padre cede a creer que su hija sea la causante de los males que los aterran, es entonces que Thomasin reclama a su padre por la incapacidad de cumplir con su rol como proveedor así como de sus malas decisiones que culminaron en la muerte de 2 de sus hijos, denuncia de esta manera su impotencia manifestando el discurso histérico que plantea Lacan:


Donde el sujeto escindido ($) demanda al Amo (S1) que su saber (S2) no alcanza para acceder a la verdad (a) siendo esta la causa del deseo, pues la verdad puede ser dicha no-toda. El padre, ahora castrado simbólicamente, arremete en su impotencia contra Thomasin y es asesinado por la cabra al desaparecer los mellizos durante la noche. Katherine furiosa reclama a Thomasin el intentar seducir a su hermano y padre en vida, ver a su hermano Caleb con lujuria cuando era precisamente la situación era a la inversa, a su pesar Katherine reconoce a Thomasin reconoce el deseo en su hija y al hacerlo lo reconoce en sí misma. Thomasin termina por asesinar a su madre y al hacerlo se libera de las imposiciones que se cernían sobre ella y que denuncio de forma histérica, tanto las religiosas como las sexuales, se quita entonces las ropas y se une al aquelarre en un cuadro que recuerda a Goya, así su goce la hace elevarse dispuesta a vivir deliciosamente.




La figura de la mujer histérica desde la época de Freud ha sido una figura incómoda para el status quo, pues su discurso denuncia implícitamente la impotencia he inconsistencias del orden patriarcal, político, religioso y básicamente de cualquier Amo, ante la incomodidad que genera, el medio más fácil para reducirlo es por medio de la exclusión y el descrédito, allí radica la importancia de Freud en el estudio de la histeria pues lejos de excluir analiza la lógica en lo aparentemente irracional.



Ante la imposibilidad del hombre de desligarse de su lógica fálico-castrativa llena de binarismos es que la imagen sintomática de La Mujer se hace presente siendo rodeada de una mística a la que se le atribuye, por un lado, el reflejo de la idealización de la madre pura, casta y rescatadora, y por otro el de la puta con la que se logra sortear la barrera del incesto, en ambos casos la incapacidad para entender la demanda del deseo femenino al escapar de su entendimiento el existir de un goce no-fálico se le atribuyen respuestas o saberes prohibidos, de allí la figura de la bruja que accede al saber por medio del pacto con el diablo y goza de este en aquelarres báquicos donde el delirio y la catatonia parecen poseer a los cuerpos, el gran acierto de la película es resignificar el aquelarre como acto de liberación y reivindicación de la posición femenina en un festival que parece simbolizar la libre asociación por fuera de los límites sociales. 

Solo queda plantear la pregunta de Black Phillip….

13/4/16

"¿Por qué la universidad NO es un espacio para cambios?" (primera aproximación)

Las buenas intenciones de los ciudadanistas parecen intuir que la situación es critica, ante esta emergencia apuestan por la vía reformista y su sostén ideológico lo encuentran en las academias, la universidad es vista como el lugar desde donde se gestan las ideas y la reflexión, puede que como concentración de jóvenes, en el entendido romántico de Joven=Revolucionario puedan creer que a partir de la intensa formación se logra acceder a la Verdad, he allí el peligro, pues al posicionarse desde un lugar de Verdad, el siguiente paso es la evangelización de los saberes Verdaderos, pero ocurre lo que nos enseña Foucault, la dicótoma entre un discurso de lo verdadero y un discurso falso genera un sistema de exclusión, analicemos, el podio universitario otorga un lugar de validez a lo que dicho allí -ya sea por el discurso de verdad cientificista, o por la figura del comentario de aquel con un alto grado académico, supuesta neutralidad, objetividad, necesidad, universalidad, etc.- Las Verdades dichas guardan en sí "voluntad de poder", esta genera una doble censura, por un lado se condena al silencio a los discursos "excluidos" (los no-hegemónicos) y se ordenan los discursos "aceptables", en el peor de los casos afinándolos para ser empleados como herramientas mismas del sistema.

Lacan por su parte comentará "Es muy raro que algo que se hace en la Universidad pueda tener consecuencias, puesto que la universidad está hecha para que el pensamiento nunca tenga consecuencias", esto daría una muestra de su pensar respecto al labor de la universidad, en el seminario 17 formalizara el discurso universitario con el siguiente matema:



El cual podemos, muy modestamente, despejar de la siguiente manera:

·         Significante del saber en el lugar del agente (S1)
·         Significante del Amo en el lugar de Verdad (S2)
·         Objeto a (causa del deseo) (a) en el lugar del otro
·         Y finalmente sujeto barrado en el lugar de la producción ($)

Desencriptado, podemos leer algo como, y parafraseo muy libremente: "El lugar del agente deseante es ocupado por un saber (S1), cuya verdad oculta es el amo (S2), que atraviesa a un objeto (a) que es el estudiante el cual repite el discurso de Verdad del Amo siendo ya un sujeto barrado ($), es decir, sujeto pasivizado ante la Gran verdad del Amo".

En términos aún más sencillos "Lo que te enseñan en clase te lo enseñan porque no afecta los intereses del Amo, tú al repetir lo que te dicen en la escuela estas defendiendo los intereses del Amo, y además al ser parte activa de la academia como productor de saberes dentro de una institución, además de ser un ($) sujeto que defiende la Verdad del Amo, eres parte de (S1) la universidad y haces que otros sujetos reproduzcan esa Verdad.". El discurso universitario busca la homogeneidad, es decir, está a un paso del totalitarismo, busca generar ciudadanos que defiendan el sistema (policía del pensamiento). 

¿Existe entonces un espacio por pequeño que sea para la insurrección de los sujetos en la universidad? No, si acaso propondría que no de la universidad como tal, no como institución, sino como lugar de encuentro, de conversación en los pasillos, de crítica, de debate, fuera de las aulas y de estos eventos. Pero claro, eso se puede hacer en cualquier lado, de hecho, al hacerse en otro lado, no se sitúa uno sobre una Verdad.